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¿Por qué incluso cuando todo está bien, seguimos sintiendo que “algo falta”?

  • Foto del escritor: Dhyan
    Dhyan
  • 6 feb
  • 5 Min. de lectura

Hace justo un mes que llegué a Goa, en India. Un mes viviendo en el lugar que conscientemente elegí, haciendo el trabajo que deseo hacer y desarrollando proyectos profundamente alineados con mi propósito: compartir prácticas de yoga, meditación, escribir y una forma de estar en la vida más pausada y sencilla.


Y, sin embargo, durante este mes ha aparecido algo inesperado, incómodo y que me ha hecho reflexionar profundamente.


Momentos en los que, aun estando bien, aun sintiéndome agradecida y alineada, surgía una sensación difícil de entender: como si algo faltara, como si nada estuviera del todo completo. Una ligera insatisfacción, un vacío sutil, una incomodidad interna.

Esto me llevó a una pregunta tan sencilla como profunda:


¿Cómo es posible sentir incompletitud cuando aparentemente todo está bien?

Estar donde quieres… y aun así sentir insatisfacción


Después de mi primer viaje a India regresé a España durante cuatro meses y medio. Allí, tras un proceso de escucha interna, tomé una decisión clara: quería volver a India y desarrollar desde aquí mi trabajo y mis contenidos.


Esa decisión se materializó. Todo se dio. El lugar, el momento, el trabajo. Y precisamente por eso, la sensación de que “algo no cerraba” fue aún más desconcertante.

Si estoy haciendo lo que deseo, si estoy alineada con mi propósito, si el entorno y la experiencia son los que he elegido…¿por qué aparece esta sensación de incompletitud?


La mente y la programación de la insatisfacción


¿Estará la mente condicionada para la insatisfacción?
¿Estará la mente condicionada para la insatisfacción?

La respuesta que fui encontrando no tiene tanto que ver con Goa, ni con India, ni siquiera con mis circunstancias personales. Tiene que ver con algo mucho más profundo y esta fue la conclusión a la que llegué tras mucha observación y reflexión:


👉 Pareciera como si la mente humana estuviera configurada para la insatisfacción. Incluso cuando todo está “bien”, la mente tiende a generar la sensación de que algo falta, de que algo debería ser distinto, mejor o más completo.





Para la mente "Nada es suficiente"

Y ahora que recuerdo, este tema no es la primera vez que lo abordo, ya que fue, en parte, una de las reflexiones que te compartí en mi canal de YouTube el año pasado: Para la mente nada es suficiente.





Mirando más de cerca este hecho, esta experiencia no es un error ni un fallo personal: es una manifestación natural de la dualidad de la existencia y de la mente.

Algunos otros ejemplos que he observado este mes:

  • Cuando estoy en España, echo de menos estar en India y cuando estoy en India, España

  • Cuando estaba acompañada, echaba de menos la soledad y cuando estoy sola, la compañía



Esto se manifiesta como un loop, u oscilación de la mente de un lugar a otro:

Placer–displacer. Satisfacción–insatisfacción. Plenitud–vacío.


La naturaleza de la mente es dual
La naturaleza de la mente es dual

Si incluso en momentos de alineación profunda aparece esa carencia, es porque la mente funciona comparando, deseando, proyectando. Y eso forma parte de su programación.


¿Qué podemos hacer entonces con esta sensación?


Aceptar que esta experiencia existe no la hace desaparecer mágicamente, pero sí transforma radicalmente la forma en que la vivimos. En mi reflexión aparecieron dos herramientas clave:


1. La aceptación consciente

Entender que la realidad se manifiesta en dualidad y que es normal que ocurra esta oscilación. Reconocer y ser capaz de observar este hecho, reduce de inmediato la fricción interna y la tensión que produce. Cuando dejamos de pelearnos con la sensación, cuando dejamos de pensar que “no debería estar pasando”, la tensión se disuelve.


Aceptar no es resignarse. Es comprender profundamente cómo funciona la experiencia humana y cómo está configurada esta realidad.


2. La meditación como observación y salida de la dualidad


La meditación nos permite observar la mente desde cierta distancia. Al hacerlo, vemos claramente su funcionamiento dual, su condicionamiento, su programación.

Y algo muy interesante ocurre: cuando esa configuración es observada con claridad, comienza a perder fuerza.


Además, en estados meditativos profundos accedemos a momentos de no-mente, donde la dualidad se suspende. No porque haya desaparecido para siempre, sino porque momentáneamente no estamos identificados con ella. Y la mente, con su cualidad dual, simplemente no se manifiesta.


Después, al volver a la vida cotidiana, la dualidad regresa… y ahí podemos volver a apoyarnos en la aceptación y de la comprensión de la naturaleza de la mente y de la realidad.


Meditación y aceptación: dos aliadas en una realidad dual

Vivir implica estar inmersos en una realidad dual. No hay escapatoria permanente mientras estamos en la existencia manifestada. Pero sí hay formas de relacionarnos con esta dualidad con mayor claridad, calma y comprensión.


La meditación además nos ayuda a estabilizar la mente, a desidentificarnos de los pensamientos y por lo tanto a estar menos expuestos a sus vaivenes, experimentando mayor claridad y equilibrio interno. A través de la práctica continuada, aprendemos a desidentificarnos de ese flujo constante de ideas, juicios y proyecciones que normalmente damos por reales. De esta forma dejamos de estar a merced de sus vaivenes emocionales y narrativos. Esto no significa que los pensamientos desaparezcan, sino que dejan de gobernarnos, permitiéndonos habitar la experiencia con mayor claridad, calma y ecuanimidad.


Además la meditación cambia nuestro estado mental. La meditación no sólo tiene un efecto subjetivo en cómo nos sentimos, sino que cambia de manera demostrable nuestro estado mental y el funcionamiento del cerebro, tal como muestran numerosos estudios científicos. Investigaciones en neurociencia, como las publicadas en Nature Reviews Neuroscience, indican que la práctica regular de la meditación reduce la actividad de las redes cerebrales asociadas a la rumiación y al pensamiento autorreferencial, favoreciendo una mayor estabilidad emocional. Otros estudios, como los realizados por Sara Lazar en la Universidad de Harvard, han demostrado que la meditación aumenta la neuroplasticidad y fortalece áreas del cerebro relacionadas con la atención, el autocontrol y la regulación emocional, al mismo tiempo que disminuye la reactividad de la amígdala, vinculada al estrés y al miedo.



Por tanto la meditación y la aceptación se han convertido en las herramientas fundamentales para transitar estos procesos sin confusión ni lucha interna. E incluso puede ser la clave para "hackear" esta programación.

La reflexión completa en el canal de Youtube

Esta reflexión nace de mi experiencia aquí, en Goa, durante este primer mes. Y es uno de los aprendizajes más importantes que me está regalando este tiempo. Si resuena contigo, te invito a ver el vídeo completo donde desarrollo esta idea con más profundidad y a compartir tu experiencia en los comentarios. Me encantará leerte.




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Dhyan





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